Sobre Bach y sus seis Suites para cello solo

Autor:  Leo Viola (febrero de 2000)

Publicado en www.leoviola.com.ar

Después que su renuncia fue aceptada y por lo tanto obligado a dejar la corte de Weimar sin el más mínimo reconocimiento, J. S. Bach entró en 1717 al servicio de la corte de Cöthen como maestro de Chapelle.

En dicho período existía en la residencia del príncipe una orquesta de por lo menos unos 18 músicos y según comentarios del propio Bach el príncipe mismo era un buen músico activo pues tocaba el violín, la viola de gamba y el clave además de componer y cantar.    
Por lo tanto las obligaciones de Bach eran muy diferentes que las de su puesto anterior, aquí no tenía que tocar el órgano, ni componer música religiosa para el servicio del domingo, pues la corte no tenía necesidad de esta actividad. Por el contrario aquí debía componer música instrumental, dirigir la orquesta que era la predilección del príncipe.

La música de cámara en este período era en general para un instrumento solo y el bajo contínuo. La estructura y lenguaje melódico era de gran influencia italiana, sobre todo de Arcangelo Corelli. Bach cultivó este género y posteriormente lo perfeccionó de una manera personal y genial que fue suprimiendo el bajo contínuo. Es así como nace este tipo de obras para instrumentos típicamente melódicos y sin acompañamiento.

Conocedores de la vida del Gran Cantor, musicólogos de diversa índole, coinciden en que Bach en este período escribió muchísimas obras de esta característica, para un instrumento solo, pero que gran cantidad ha desaparecido. Sólo trece han llegado a nuestros días, que son las tres sonatas y tres partitas para violín solo, las seis suites para violoncello solo y la partita para flauta sola. Obras que van en el catálogo B.W.V. desde el 1001 al 1003 t todas fueron compuestas alrededor de 1720.

El fenómeno de crear obras para instrumentos monódicos con la obligación de hacer el bajo contínuo y al mismo tiempo el tejido armónico representa un esfuerzo intelectual gigantesco, pensar que solo Bela Bartok y Zoltan Kodaly emprendieron un trabajo semejante en nuestro siglo y anteriormente aunque con menor interés musical Paganini en el violín.

Comentando del violín no cabe duda de que Bach conoció al violinista alemán Nicolás Bruhms que tocaba dobles cuerdas y además acompañándose con el pedal del órgano lograba el efecto de una pequeña orquesta.
De esta situación a la genial idea de Bach hay muy poca distancia.

Las suites como su nombre lo indica son una sucesión de trozos musicales de origen francés, es algo similar a las partitas de origen italiano. En la época eran conocidas también como sonatas de cámara en contraposición de las sonatas de iglesia que eran compuestas por cuatro movimientos de carácter lento, rápido, lento, rápido. Las sonatas de violín solo son de esta característica.

La suite se remonta al Renacimiento con los laudistas italianos que elaboran sucesión de danzas (una de paso y una de salto). Después sufrieron diversas transformaciones e influencias de los franceses y alemanes.

Gracias al compositor Froberger quedó constituida así: Allemanda, Courante, Sarabanda y Giga. Así en el siglo XVII ésta fórmula era muy común y se le agregaban entre la Sarabanda y la Giga algunas sucesiones de danzas.

Las suites de cello no se sabe a ciencia cierta cómo fueron escritas y ejecutadas dadas sus dificultades. Algunos musicólogos piensan que fueron escritas para el virtuoso de la viola de gamba Ferdinand Abel (1682-1761) solista de la orquesta de Cöethen en el mismo período de J. S. Bach.
Por otra parte el manuscrito original no ha sido encontrado aún y sólo existe un manuscrito de Ana Magdalena, la segunda esposa de Bach, de la cual salen todas las ediciones posteriores. Cabe destacar que siempre existen dudas y errores sobre este manuscrito, lo cual hace muy dificultosa la puesta de acuerdo de los diferentes intérpretes.

Desde el aspecto formal las suites para cello responden a la suite inglesa para clavecín escrita en la misma época, en todas existe una larga introducción (preludio) y después el esquema fundamental de Foberger, ya citado, más dos danzas elegidas libremente.
Sin duda el preludio es la parte más profunda e interesante musicalmente, recuerdan los trozos para órgano y ninguno sigue una regla establecida. Los hay con pasajes rápidos y escalísticos casi como una improvisación, los hay como trozos de conciertos con características contrastantes y como oberturas de estilo francés, con un lento y después una fuga.

Allemanda. Según las reglas de la suite son danzas de origen Alemán y en general de un carácter más bien pesado. En el caso de Bach han conservado dicha característica con ritmos binarios, tempo moderado y anacrusa muy breve.
Hay que destacar que en la época de Bach esta danza ya no se bailaba y pertenecía a un recurso de la música culta, con gran riqueza imaginativa.

Courante. Son en general la segunda danza y es de origen Francés, más veloz. También existía en la época una contrapartida italiana llamada Corrente, que es mucho más veloz que la versión francesa, algunas por su construcción rítmica son más próximas a la idea italiana. Una característica de esta danza es que la nota anacrúsica es igual a la primera nota del compás siguiente.

Sarabanda. Majestuosa y elegante es en general el calificativo de esta danza que es fundamental en las suites de Bach. Su origen, un poco discutido es que es hispano-morisco, que representa un carácter apasionado y erótico. Fue prohibida por dichas características por el Rey Felipe II.

Una vez que fue expandida por el resto de Europa se transforma una música lenta y pausada, así es como forma parte de las suites.

Danzas libres o danzas galantes como se las llamaba en Alemania son un agregado a la suite un poco posterior.

En las suites de Bach, en la primera y segunda, fueron elegidos dos minuets, danza francesa común en los ballets del 1700, con la característica del segundo, siempre en tonalidad menor. En la tercera y cuarta suites Bach eligió también una danza de origen francés un poco más cuadrada con acentos por compás y anacrusas de diversos valores. Están incluidas por Bach en la forma más pura de danza alegre y popular. Es la Bourré. En la quinta y sexta suites Bach incluye otras danzas de origen francés. Las gavotas que para su época ya habían sufrido transformaciones y eran danzas refinadas de la Corte. También con espíritu chispeante y alegre. Es interesante señalar que Bach pone escondida en la segunda gavota de la sexta suite una Mussette, danza francesa también que parodiaba en alusión directa a la cornamusa, que siempre se escucha un bajo o a la quinta una nota repetida, produciendo un efecto verdaderamente hermoso.

Gigue. Esta danza es la más veloz y con espíritu conclusivo de las suites. Es una danza de origen inglés con la característica de anacrusa y ritmos generalmente de un sonido largo y otro breve, lo cual le da una estructura de dos por uno, o sea una danza de carácter ligero y pleno de buen humor que aportan todo el espíritu conclusivo de la Suite.

Las Suites de Bach muestran no sólo un interés musical sino que requieren de un depurado manejo instrumental por sus diversas dificultades, no sólo en las escritas para cello, sino también en las escritas para la viola pomposa (quinta Suite). Transcripta posteriormente por el propio Bach para Laúd. También en la sexta suite que fue compuesta para un instrumento pequeño, similar al violoncelo pero que contaba con seis cuerdas. Todo esto en el violoncelo actual presenta verdaderas dificultades de índole técnica en los pasajes veloces, en las dobles cuerdas, resoluciones armónicas, acordes, etc.

Las Suites de Bach fueron conocidas desde su creación; en el siglo pasado existieron diversas ediciones, por ejemplo R. Schumann las publicó con un acompañamiento de piano de su invención; también diversos violoncelistas famosos en su tiempo y conocidos por sus métodos de estudio del instrumento tales como Dotzauer, Sebastián Lee, Davidoff, y también en nuestro siglo Malkim, Alexanian, Fournier, etc. hicieron sus ediciones, motivos que deben ser consultados por todo aquel que intente abordar un trabajo serio y respetuoso.
Así y todo siempre fueron tomadas como parte del estudio del violoncelo y no obras de real y profunda importancia musical hasta que gracias el gran maestro Pablo Casals, quien después de estudiarlas diez años las fijó definitivamente en el nivel que le corresponden y merecen.    

Más recientemente vinieron disputas entre “los puristas” y los que piensan con carácter “evolutivo” de las artes. Los puristas ejecutan las obras con instrumentos de la época los textos tal cual fueron escritos. Los de carácter evolutivo, piensan en agregar todo cuanto sea posible en el manejo técnico y sonoro en los instrumentos de hoy para realizar una interpretación más profunda y ennoblecedora.

Pensemos que un creador echaba mano a lo que disponía y no quiere decir que no deseara o imaginara algo mejor. A veces a mis discípulos yo les digo que no viajo en diligencia, ni me pongo peluca para escuchar al Gran Cantor y estoy convencido de que de vivir hoy el gran Bach sería un compositor de vanguardia y amaría a los Beatles.

Sin duda, el estudio serio y tenaz de las Suites de Bach, ayudará a un mejoramiento de sus cualidades musicales a cualquier instrumentista más allá de sus posibilidades y evolución técnica.

El hecho de escucharlas reiteradamente, como también ejecutarlas, influye en lo más profundo del ser humano al punto -y de esto estoy realmente convencido- que la calidad de la persona mejora notablemente. Es decir que quienes las abordan podrán proyectar en ellas y gracias a ellas lo más hermoso de su ser.

Quienes practican Bach asiduamente siempre marcarán diferencia entre un instrumentista y un buen músico, ya sea profesional o aficionado.
Sin lugar a dudas quienes escuchan con atención al gran cantor aumentarán su sensibilidad y profundizarán su capacidad auditiva a todo el espectro musical.

No puedo dejar de citar al gran artista Paul Tortelier quien en su momento me las enseñó y transmitió se profundo amor por la música de Bach, que no es otra cosa que el amor y respeto sublime por el ser humano y como él me decía: “Cantando, leyendo y respetando el texto, prestando atención a la música, melodía, ritmo, modulación y tocando brillantemente, poéticamente, religiosamente, estamos seguros del buen camino elegido”.

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