Enrique “Quique” Lanoó -Tango-

Violoncellista, compositor, arreglador, director

Inicia sus estudios de piano a la edad de cinco años de edad con su madre Eugenia P. de Lanoo. A los nueve años comienza a estudiar violoncello en el conservatorio Manuel de Falla con Ernesto Covelli.

En 1954 ingresa en la entonces Sinfónica de Radio del Estado (actualmente Sinfónica Nacional), siendo hasta la fecha el músico más joven en integrar como personal estable un organismo sinfónico.

Durante 1956 Quique Lanoo comienza a dedicarse al tango, y a partir de aquí actúa con las orquestas de Titi Rossi, Aníbal Troilo, Osvaldo Manzi, Atilio Stampone, Eduardo Rovira, Osvaldo Piro, Osvaldo Pugliese, Leopoldo Federico, Enrique Mario Francini y Astor Piazzolla. Algunas de estas agrupaciones las integró en forma estable, como ser la orquesta de Osvaldo Pugliese y el Quinteto del ’70, de Francini.

Posteriormente crea su Quinteto Musical Buenos Aires. En la actualidad ha logrado fundir en su quinteto “de los maestros” el virtuosismo, la originalidad, y la simpleza de sus integrantes.

Como compositor Lanoo ha realizado más de 100 obras, entre las que se destacan “A Horacio Paz”, con la cual gana en 1960 un disco de oro en el Festival Internacional del Disco, “Elegía para el amigo negro”, tema dedicado al dr. Martin Luther King, y “A mis dos maestros”, que dedica a Osvaldo Pugliese y Eduardo Rovira.

Entre sus premios más importantes figuran los otorgados por Pablo Casals, y por el escritor chileno Pablo Neruda. La Municipalidad de la ciudad de Buenos Aires lo distinguió como “Ciudadano ilustre”.

Durante su larga carrera Lanoo ha participado en grabaciones y recitales junto a figuras Plácido Domingo, Susana Rinaldi, Alba Solís, Roberto Goyeneche, y Valeria Lynch entre muchos. Adicionalmente, es arreglador de la Banda Sinfónica de la ciudad de Buenos Aires, la Orquesta de Cámara de La Plata, y la orquesta sinfónica y los coros para el Himno Nacional Argentino.

Con su quinteto ha grabado el cd “Timeless Tango”, publicado en 1996 por Forever Music, y que pueden descargarse desde este enlace:

Timeless Tango -Quique Lanoo y su quinteto

Timeless tango 1 Timeless tango 2

1. Hotel Victoria
2. Canaro En Paris
3. Sinfonia N° 40
4. La Cumparsita
5. El Choclo
6. Lluvia de Estrellas
7. El Amanecer
8. Palomita Blanca-Desde El Alma-
9. Adios Nonino
10. Nocturna

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Entrevista (Página/12)-2 de febrero de 2014)

Un mar de cello

Tocó con Troilo, Pugliese, Piazzolla y tantos otros. Y compuso más de un centenar de temas. Su vida transcurre ahora en Mar del Plata, donde rememora sus historias para Página/12.

Por Carlos Rodríguez

Desde Mar del Plata

Enrique “Quique” Lanoo es como Rodolfo Orozco, el personaje de la canción de León Gieco, porque “tocó con John, tocó con Pol, tocó con todos”. A los 73 años, desde su refugio en Mar del Plata, lejos de su Parque Patricios natal, recordó para Página/12 su trayectoria como violoncelista de orquestas tan grandes como las de Osvaldo Pugliese, Aníbal Troilo, Astor Piazzolla, Armando Pontier, Leopoldo Federico, Eduardo Rovira, Osvaldo Piro, Atilio Stampone y sus grabaciones con cantores de la talla de Roberto Goyeneche, Susana Rinaldi, Virginia Luque, Edmundo Rivero, Angel Vargas, Roberto Rufino y un sinfín más, a lo largo de una carrera que comenzó con 14 años recién cumplidos. A los 17 años, en el mítico Marabú, tocó por primera vez con la orquesta de Troilo. Entre tanto nombre ilustre del tango de todos los tiempos, guarda un lugar preferencial para sus “dos maestros”: Pugliese y Rovira. “Con don Osvaldo, que me llevaba 35 años, fuimos como padre e hijo.” Quique Lanoo, además de un talento musical es el hombre de las mil anécdotas, desde un encuentro con Pablo Neruda (ver aparte) hasta la primera vez que tocó con Piazzolla: “Esa primera vez fue debut y despedida; me echó porque hice un chiste cuando me hizo una reprimenda porque me apuré a entrar con el cello en un ensayo”.

Desde los 5 años estudió piano con su madre, Eugenia Pereiro, y a los nueve años empezó con el violoncello, con el profesor Ernesto Cobelli, director del Conservatorio Santa Cecilia de Italia. También se perfeccionó en la Escuela de Música del Instituto Bernasconi, en el Conservatorio Santa Cecilia y en el Conservatorio Municipal Manuel de Falla, los tres en la ciudad de Buenos Aires. Entre 1973 y 1976, fue director artístico del viejo Canal 7, en Leandro Alem y Viamonte. Fue uno de los primeros funcionarios del gobierno constitucional de entonces que fue desalojado de su lugar de trabajo por orden de la Junta de Comandantes, al producirse el golpe militar del 24 de marzo de 1976.

Como compositor es autor de más de un centenar de temas, entre los que se destacan A mis dos maestros, dedicado a Pugliese y Rovira, y Elegía para el amigo negro, en memoria de Martin Luther King. En su casa, donde recibió a Página/12 con un asado y vino tinto del mejor, tiene la cinta todavía inédita de un disco de poemas que incluye la lectura de “La fundación mítica de Buenos Aires”, de Jorge Luis Borges, de su libro Fervor de Buenos Aires, en la voz de Luis Medina Castro. Entre otros premios, nacionales e internacionales, fue distinguido como Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires por la Legislatura porteña.

La charla, en la casa del barrio Alfar de Mar del Plata, donde vive solo desde que enviudó, es amenizada con música: Goyeneche con Atilio Stampone, Alfredo Gobbi y una selección de temas grabados por el Quinteto de Quique Lanoo, que incluye una versión de “Adiós Nonino”, el tema que Piazzolla le dedicó a su padre, con un conmovedor solo de cello. “Lo tuve que tocar en vivo cuando murió mi padre; creo que fue una buena versión, pero lo supe después porque ese día yo estaba en otro lado.”

Guarda una foto con sus padres una noche que fueron a verlo tocar en Caño 14. “La foto la hizo un fotógrafo al que le decíamos ‘Fogonazo’.” Y una carta manuscrita de Pugliese, dirigida “a la juventud”, pero que se la entregó a él, personalmente, para decirle que “el tango necesita de jóvenes talentosos como vos y los compañeros de tu conjunto”.

–¿Cómo lo conoció a Pugliese?

–Yo venía haciendo varias orquestas, estaba con Armando Pontier, con Atilio Stampone y con otras tres. Un día Stampone me dijo que lo había llamado Osvaldo Pugliese para decirle que él quería que fuera el cellista de su orquesta, pero si aceptás no podés tocar en ninguna otra. Fui a hablar con Pugliese y me enamoró el viejo loco ése. Dejé todo y me fui con él. Estuve tres meses ensayando porque la orquesta no permitía leer (la partitura) y tuve que aprender todo el repertorio. La primera actuación fue en La Cigala, un boliche de la calle Corrientes. En medio de la actuación prendieron las luces y fuimos todos presos. Como Pugliese era comunista, nos llevaron presos. Debuté en 1962 y fui en cana (se ríe).

–¿Cómo eran esos años de represión política?

–Nosotros no hablábamos de política, pero vivíamos con política, porque si no vivís con política dejás de ser lo que tenés que ser. Pugliese no hablaba de política, no bajaba línea, pero era un comunista declarado y por eso tuvimos una época en la que iba preso. Nosotros poníamos un ramo de flores sobre el piano y tocábamos sin Pugliese. Cuando llegamos a Japón, en 1965, la SIDE de la Argentina mandó a un japonés a una conferencia de prensa para preguntar quiénes éramos los comunistas que estábamos en la orquesta de Pugliese. Osvaldo contestó que él había ido a tocar tango y no a hablar de política. Pero si querían saber, él era comunista y si había algún otro, que se parara. Se llevó una sorpresa porque nos paramos todos. Eramos todos comunistas, nadie pudo saber quién era peronista, quién era radical.

–Dicen que lo acompañó a Pugliese cuando se entrevistó con Juan Domingo Perón y éste le pidió perdón por las veces que había ido preso durante el peronismo.

–La entrevista fue en la residencia presidencial. Perón lo ve entrar a Pugliese desde una distancia de 50 metros, se fue acercando y le dijo: “Le pido disculpas por todo”. Pugliese le respondió, con su voz chillona: “Yo perdono, pero no olvido”. Esas palabras se han dicho muchas veces en la historia reciente de la Argentina. Pugliese se las dijo a Perón, en mi presencia. Yo a Pugliese lo quise como a un padre y él me quiso como a un hijo. Me dijo una vez: “Sos el hijo varón que nunca tuve”. Todavía me conmueve cada vez que lo recuerdo. Jamás le dijo a nadie “vos tenés que afiliarte a mi partido para tocar en mi orquesta”. Pugliese fue un hombre perseguido. Muchas veces el piano estuvo vacío. Uno de los pocos que se sentó a ese piano fue Osvaldo Manzi, uno de los mejores pianistas que tuvo el tango. Eran otras épocas, hoy podemos decir todo lo que queremos decir, hoy podemos putear por todo y contra todos. Dicen que tenemos problemas de seguridad, pero la seguridad la hacemos entre todos, no tenemos que andar echándole la culpa a otro. Si yo cierro bien la puerta de mi casa y le doy de comer a quien tiene hambre, sin esperar que lo haga el Estado, la vida sería más buena. El problema de la seguridad pasa por el estudio, la formación y el hambre, pero no le podemos echar siempre la culpa al que votamos, hay que acompañar.

–¿Cómo llegó a la orquesta de Troilo?

–Con el Gordo Troilo estuve en 1957. Era un fenómeno. Estuve seis meses porque había un cellista que tocaba con él que se llamaba Faneggi y tenía problemas de salud. Cuando él no podía estar, yo lo reemplazaba. El personaje más grande se llamaba Carlos Olmedo, que escribió un tango que se llamaba “De puro curda”. Cada vez que salíamos con él íbamos en cana todos. Viví una época increíble, cuando el país estaba en la cima de la cultura, con Borges, con Sabato, Rovira, Piazzolla, era un momento increíble. Yo hice un disco con poesías sobre Buenos Aires y le pedí permiso a Borges para hacer la “Fundación Mítica de Buenos Aires”. Incluía “El día que me quieras” y poemas de Raúl González Tuñón. Al único que no pude conocer fue a Evaristo Carriego, a quien Rovira le dedicó un tango y lo grabamos juntos.

–¿Cómo fue su encuentro con Piazzolla, que tenía fama de ser un tipo duro cuando se enojaba?

–Piazzolla era un tipo de sentimientos muy profundos y muy querible.

Yo debuté con él y me echó. Estaban ensayando el tango “Si se salva el pibe” que lo cantaba Jorge Sobral. Cuando viene el solo de cello, yo por los nervios me apresuro y él me dice: “Adónde va tan apurado, viejo”. Y yo le digo en broma, con ese sentido del humor que me acompañó toda la vida: “A ver si se salva el pibe”. Me echó, me dijo, “retírese de acá, mocoso de mierda”. A los tres o cuatro años yo iba a la casa de Piazzolla por Diana, la hija, de la que me había enamorado. Nos reconciliamos con Piazzolla y después grabé con él, con un dúo de cellos: yo y (José) Bragato.

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